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Espejismo Rojo, Marea Negra en Europa: El Caso español, 1917-1923

Research output: Chapter in Book/Report/Conference proceedingChapter in a book

Original languageSpanish
Title of host publicationTierra de Nadie
Subtitle of host publicationLa Gran Guerra y sus Consecuencias
Place of PublicationGranada
Publisher or commissioning bodyComares
Pages201-218
Number of pages18
DatePublished - 2015

Abstract

El artículo se concentra en el periodo de 1917 a 1923. Primero, se examinará el trasfondo europeo. Partiremos del concepto que la Primera Guerra Mundial no fue solo un cataclismo militar y humano (la sangría de la juventud europea) sino también un momento clave de modernización socio-política. Su impacto en las economías/sociedades (tanto de los países beligerantes como de los neutrales) aceleró los movimientos de protesta y condujo a la entrada violenta de las masas en la política que en turno produjo la crisis de las elites políticas que habían gobernado en el continente hasta 1914 (y dominado sus sociedades civil/política)
El punto de inflexión tuvo lugar en el año 1917. La agitación social (fin de la tregua de 1914) se hizo aparente en muchos países pero su exponente más obvio fue: Rusia (Caída del Zarismo en Febrero/Marzo – dependiendo del calendario Romano o Gregoriano y el derrocamiento del Gobierno Provisional por el Partido Bolchevique).
El impacto de la Guerra y el triunfo del Bolchevismo iniciaron una era de catástrofe y extremismo según el historiador británico Eric Hobwsbawm. Este periodo que umbilicalmente uniría las dos guerras mundiales se caracterizó ante todo por la violencia (repuesta a la deshumanización producida por el conflicto bélico y a la polarización socio-política). Este periodo de Guerra Civil Europea se inició con el mencionado triunfo Bolchevique en noviembre de 1917 y tras la subsiguiente brutal guerra civil rusa. Pero en contra de lo que los dirigentes bolcheviques esperaban y confiaban, la exportación de la revolución soviética se saldó con un amargo fracaso. La marcha triunfal del comunismo que preconizaba el jefe de la Internacional Comunista (Comintern) Grigory Zinoviev, se tornó – tras unas primeros índices esperanzadores de fiebre revolucionaria, agitación popular y movilización obrera - en un espejismo.
Como Paul Preston sugiere, una de las consecuencias más inesperadas del triunfo bolchevique fue la brutal reacción socio-económica, ideológica y política que desató; una marea negra en la que surgieron el fascismo y todo tipo de regímenes dictatoriales de tipo monárquico o militarista por toda Europa. La última y más violenta expresión de esa marea negra fue la salvaje contienda española y la emergencia del régimen despótico del General Francisco Franco.
Dentro de ese marco obviamente amplio, esta conferencia/artículo analizará la naturaleza, peculiaridades y acontecimientos que caracterizaron al modelo español. Por razones obvias de limitación y cronológica, nos ceñiremos al período que va desde el intento fallido de emular el fenómeno revolucionario ruso en el verano de 1917 hasta el golpe de estado del General Miguel Primo de Rivera que destruyó el régimen constitucional en septiembre de 1923.
España no entro en la guerra, pero la neutralidad no salvó al país de su devastador impacto socio-económico en lo que ya era una estructura frágil (dramático contraste entre la orgia de ganancias de las clases propietarias/industriales y miseria para la mayoría de la población debido al alza de los precios/inflación galopante, acaparamientos, escasez de productos básicos, etc.). El resultado sería como en el resto de Europa la crisis del régimen (o la oligarquía política del Turno dinástico que había gobernado España desde el regreso de los Borbones al trono en diciembre de 1874.
Nos concentraremos en la versión española del ciclo revolucionario de 1917. Como ya expuso Lacomba en su obra pionera, hay tres etapas diferenciadas – pretoriana, reformista/parlamentaria y revolucionaria/obrera. A estas tres etapas se añadirá una fase previa (detonador de la crisis) de clara convergencia del impacto de eventos externos (revolución rusa, caída del zarismo) con doméstica (injerencia del soberano – Alfonso XIII – en temas del gobierno, provocando con ello la caída de dos ministerios en apenas dos meses).
El aplastamiento de la huelga revolucionaria (última etapa del ciclo de 1917) lo analizaremos como de victoria pírrica del régimen: su sobrevivencia apenas puede ocultar lo que Gramsci define de crisis de hegemonía (el antiguo orden entraba en situación de agonía – claramente hipotecado a la actuación del monarca y las fuerzas armadas- pero aún podía impedir que una alternativa democrática naciese).
La última parte de nuestra conferencia/artículo situará al caso español dentro de la tónica general europea descrita antes (espejismo rojo, marea negra). De hecho, podemos analizar el periodo 1918-23 en España de repetición del ciclo de 1917: mismos protagonistas – reformismo (Lliga Regionalista de Catalunya), revolucionario (caso peculiar español es que la agitación social será capitalizada por la anarco-sindicalista Confederación Nacional del Trabajo) y pretoriano. El centro neurálgico será la ciudad de Barcelona y el desenlace final esta vez, la destrucción del régimen.
El movimiento autonomista dirigido por la Lliga comenzaría tras el fin de la I Guerra Mundial bajo el optimismo creado por la victoria de los Aliados y el mensaje del US Presidente Wilson en favor de la auto-determinación de las pequeñas naciones. El conflicto en torno a la autonomía catalana (que irónicamente contaba con la simpatía del monarca y del jefe del gobierno, Conde de Romanones) sería sobrepasado y olvidado debido a la explosión del conflicto social a principios de 1919.
España experimentó como el resto de Europa un momento de histeria y psicosis colectiva ante el (percibido) avance triunfal del Bolchevismo y la revolución. El crecimiento extraordinario de la CNT, las proclamas en favor de la Unión Soviética, y la victoria obrera en el conflicto de la Canadiense que paralizó Barcelona y duraría 44 días desató la alarma entre las clases dirigentes, y en especial la burguesía catalana.
Desde la primavera de 1919, el estado liberal entró en una fase de crisis orgánica. Una alianza entre industriales y militares (con el tácito apoyo de fuerzas políticas como la Lliga) puso en marcha la ofensiva contrarrevolucionaria. Actuando como un poder en las sombras, gobiernos en Madrid serían impotentes para restablecer la disciplina social e incapaces de restablecer su liderazgo político. Mientras el país entra en un círculo vicioso de terror que juega en favor de la reacción política.
En septiembre de 1923, el capitán general de Barcelona, Miguel Primo de Rivera, lanzó un golpe de estado que con el total apoyo de la clase patronal y la complicidad del monarca puso fin a 50 años de monarquía constitucional/liberal. La consiguiente dictadura militar en España constituyó un episodio más de la primera hornada de movimientos contrarrevolucionarios del periodo de entreguerras: una iniciativa antiliberal y antiparlamentaria que apareció en el momento en que el antiguo régimen oligárquico había entrado en crisis y era incapaz de garantizar el orden social y hacer frente a la súbita irrupción de las masas en la política.

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